Editorial del primer número

Otra revista literaria más, o gaceta, o fanzine, o como quiera llamarse a estas hojas volanderas, un poco febles y de caducidad probada. ¿Otra más?, se preguntará alguno de los cuatro compradores del proyecto ¿Pero es que no había ya bastantes? ¿Es que sirven de algo –añadirá el escéptico– estos voluntariosos empeños, nacidos de gente poco virtuosa, pero innegablemente capacitada para asumir el fracaso? Pues mire usted, habría que responder, sí, efectivamente son muchas ya, demasiadas, difíciles de domesticar y catalogar (haría falta un estudioso de los insectos para determinar sus especies), pero tampoco esto parece que sea un reparo importante. Estas revistas son como los poetas –o los grupos de rock–, que a poco que hurgue uno debajo de las piedras le saltan cientos. Pero como ocurre con los poetas –y con los briosos músicos–, la selección natural actúa con gran sabiduría, eliminando a los farsantes y concediendo vuelo a los que vienen revestidos de oro. En cuanto a su dudosa utilidad, servir, lo que se dice servir, la verdad es que no sirven de gran cosa, si no es para alimentar la vanidad de sus editores y colaboradores. Pero se nos ocurre pensar que quizá entre estas delgadas páginas, frágiles, perecederas, alguien podría degustar el perfume de lo efímero, entablar mudo diálogo con sus textos y tomar la decisión de no condenar su ejemplar al olvido de la papelera. Es más, estamos convencidos de que aquí encontrará el lector exigente más de una sorpresa, y puede que también algunos gérmenes de buena literatura, tan sólo unas semillas, pero hay que dejarlas crecer. De ti depende en parte, amigo lector, que lo hagan.


La redacción