Cuestión de monosílabos

Arturo Tendero


El problema de la palabra PAZ consiste en que es un monosílabo. Uno la suelta como un disparo, en un solo golpe de voz, y se queda descansando: PAN. Quiero decir PAZ, pero el disparo suena más a PAN. Y si se piensa con detenimiento, esta confusión de palabras, en realidad un intercambio de letras, la n por la z, no es ningún disparate. La directora de la Organización Mundial de la Salud se ha congratulado del premio Nobel concedido a Médicos Sin Fronteras afirmando que "realza la relación entre la salud y la PAZ". En otras palabras, la relación entre el PAN y la PAZ, porque la salud bien entendida empieza por comer de vez en cuando.
Ahora que la especie humana constituye una familia numerosa de grado especial, seis mil millones de personas, en buena parte del Tercer Mundo siguen confundiendo el PAN de comer con el PAN de los disparos. Entre uno y otro monosílabo mantienen viva la escabechina, lo que no impide a esos países pobres multiplicar su población, es decir su sufrimiento, de forma vertiginosa. Aún así, el niño seis mil millones ha nacido en Sarajevo, un lugar asolado pero cercano, en lugar de en la oscuridad profunda del África negra, o en la estrechez amarilla de los países asiáticos. Hasta en esto tenemos suerte los occidentales.
Eso no nos libra, claro. Cada vez que doblan las campanas por uno de nosotros, doblan por todos, como acuñó Hemingway, un yanki que en realidad a lo mejor pretendía acuñar un eslogan, pero que estableció una verdad. Y las campanas doblan que no paran, con su penetrante monosílabo: DAN, DAN, DAN. Se les oye, se les oye, pero algo distorsionadas. En realidad, entendemos PAN, PAN, PAN. Y sabemos más o menos por donde voltean, en países lejanos, de nombre resonante: Burundi, Timor, Sudán...
En cambio, "España va bien", lo que resulta ser una amplificación eufónica del monosílabo PAZ, para que suene a otra cosa que a PAN. En realidad equivale a un BAH, o a un PLIM (a mí...), e incluso a un PAN-PLI-NAS, que parece una expresión China, formulada a base de fonogramas, y que en realidad es muy castellana y procede del latín. La conclusión es que España, para empezar, del oído no anda muy fina, pues no escucha con nitidez los millones de campanazos que redoblan allende nuestras fronteras llamando a PAN, PAN, o sea a PAZ, PAZ. Algunos llegan hasta nuestras orillas en patera gritándolo, y se oye el GLUB, GLUB de los ocupantes o el BLAM de la puerta que les cerramos.
"Pero España no está sola", protestará más de uno. El mundo occidental está lleno de países sordos, que viven envueltos en el algodón del bienestar y con los auriculares del walkman puestos, escuchando su propia cantinela. La cantinela del CLINC, CLINC, siquiera virtual, que hace nuestra ilustre señora la economía, el ZIP que producen los votos al filtrarse cada cuatro años en la urna, y el ZAP que imprime el pulgar cuando gobierna el mando a distancia con el que programamos nuestro olvido cotidiano. Ahora también el TAC-TAC que hacen los dedos en el ordenador, en busca de los bites (léase BAITS, monosílabo) que nos hermanan a los ricos en la iglesia global de Internet.
A poco que uno se retire los auriculares un instante, quedará ensordecido por el DAN, DAN, DAN de las campanas que atruenan la tierra, por el PAN, PAN de los que piden comida y por el PAN, PAN, PAN de los disparos con que se les responde. Si de pronto, todos estos monosílabos callasen, se escucharía sobre el crujir del planeta, el TIC-TAC de la bomba de relojería en que se ha convertido nuestra especie. Basta con que sigamos creciendo, nosotros o nuestra destructiva e insostenible economía, para que tarde o temprano la bomba explote por algún sitio: BUM. Sólo es preciso esperar. "No estamos muy convencidos de que la palabra salve, pero sí sabemos que el silencio mata", han dicho los Médicos Sin Fronteras al enterarse del premio. "Nos mata a todos", cabría añadir.
Hay que congratularse, pues, de que el Nobel de la paz haya recaído en uno de los grupos de desactivadores que andan trabajando a espaldas de los Gobiernos para aligerarnos de explosivos como sea. El truco parece que consiste en cambiar los monosílabos por palabras más largas, que cueste más trabajo pronunciar, pero que resulten más efectivas: "pacificar en vez de PAZ", o "alimentar en vez de PAN", para ir empezando. Un buen modo de ayudarles sería ampliar al 0,7% nuestra contribución al Tercer Mundo: ceder CLINC a cambio de un porcentaje algo mayor de esta pírrica PAZ, de usar y tirar, que conocemos.